Lo mejor de la Vida.




No deja de sorprenderme la vida, cuanto más la estudio más me admira desconocerla en absoluto. Más me admira su complejidad, la sabiduría que encierran sus modos de actuar. La naturaleza es sabía, sí. Pero no sólo eso, yo me atrevería a decir que es terriblemente perfecta.



No dejan de sorprenderme las personas. Y los Universos infinitos ocultos dentro de algunas de ellas. Desconocidos por completo para la mayoría, mínimamente conocidos por algunos. Y ligeramente conocidos por ellos mismos. Universos Infinitos que solo descubren algo de su abismo en las miradas. En ellas se refleja siempre la verdad de lo que nunca se ve.



No dejan de sorprenderme los sentimientos. Infinitos en intensidad y en variedad. Intensos. Reales y a la vez tan indescriptiblemente volubles. Son como el mar. Con esas mareas cambiantes a lo largo del día, suben para luego descender. Con rocas fuertes contra las que se chocan las olas, rompiéndose en un millón de gotas diminutas que recorren distancias enormes por el aire antes de volver al mar, alejándose unas de otras para no volverse a encontrar jamás. El mismo mar que está en calma sufre una tempestad.

No deja de sorprenderme la inspiración. Uno de los misterios más grandes de la mente humana que no todos están llamados a conocer. Quien la conoce, la disfruta y la sufre. A veces la sufre mucho más que la disfruta pero, como un hijo, se quiere casi más que a uno mismo. Ese mundo infinito dentro de uno mismo, que hace tambalear los cimientos y que hace que la vida se comprenda de otra manera. Sin entender nunca por qué ni el qué de lo que ocurre dentro de uno cuando crea porque tiene inspiración.



No dejan de sorprenderme las relaciones humanas. De todo tipo. Existen tantas tipos de relaciones como relaciones existen en el mundo. Ninguna es igual. Y ninguna se puede medir con la misma escala de intensidad. Las relaciones humanas se expanden en todas las direcciones en el espacio adquiriendo formas que no podemos imaginar ni siempre comprender. Son las relaciones humanas el segundo mejor regalo que nos ha dado la vida.


Amor de colibrí.

“Lo nuestro” fue un amor a primera vista. Aquella tarde de marzo nos cruzamos un montón de miradas, acompañadas de tímidas sonrisas.
A ti te conquistó mi sonrisa. Y yo me enamoré del brillo de tu mirada.

¿Cuál es la manera de decir adiós a aquel que no se ha llegado a conocer?

El Bucle Infinito.

Lo pensé dos veces. Y me di cuenta que jamás podría describirte como me sentí cuando leí aquello. Ni siquiera consultando al más experto de los filólogos conseguiría encontrar la palabra que define aquel estado.

Quizás una mezcla entre indiferencia y máximo interés. Explosionando juntos, como si fuesen dos gotas formando parte de la misma ola. Una gota flota y la otra se ahoga. Lo que nunca lograré averiguar es si la indiferencia flota o es la que se ahoga.

A veces la vida se presenta como un bucle infinito, en el que nunca dejamos de conocernos. Y hay momentos en los que parece que volvemos a empezar. Y nos alteramos, sorprendidos por haber descubierto la punta de un iceberg de una personalidad que creíamos ampliamente conocida.

Llorar de alegría.

Teníamos los días contados en un periodo de tiempo infinito.
Esa terrible sensación de que se acaba el tiempo cuando apenas ha empezado. No podemos controlarlo, ni alcanzarlo.
Cuando el tiempo corre, siempre es el más rápido.

Él no sabía muy bien lo que quería ni lo que tenían.
Yo estaba en una situación peor; lo tenía muy claro.
Y estaba cansada. Demasiadas aproximaciones.
Juntos íbamos más despacio. A mí me gusta la sensación de velocidad.

Días de sol de primavera combinados con recuerdos invernales.
Ojalá sepamos siempre volver a empezar. Es una garantía. Pero no una seguridad.

“Sólo lo imposible dura siempre.”
Ojalá lo infinito sea posible y real.

El sábado el cielo nos mostró la luna más grande de los últimos veinte años. Y me da la sensación de que no fuimos capaces de apreciarla por toda esa gente que se la perdió.
No sé si es beneficioso ser tan lunáticos.
Y me acosté pensando que algún día mi vida cambiaría ligeramente y sería capaz de llorar de alegría.

El vuelo del colibrí

Pereza de pensamientos. Ideas vagas. O, más bien, vagas ideas. Matices inapreciables.
Y,sin embargo, nosotros somos absolutamente conscientes de cada palabra y de cada gesto instantáneo.

Y la pregunta sin respuesta; y ahora, ¿qué?

Decir eso es decirlo todo. Y a la vez no decir nada. Al fin resulta que es verdad que todo y nada es lo mismo. Pero no siempre.

Situaciones agradables. No me da la gana de cambiar. No te cansas. Y a mí me gusta. Aún no sé muy bien que me gusta. Bueno, lo sé, pero no lo quiero reconocer.
Porque si lo hago…
Prefiero no hacerlo.

Pasa el tiempo. Y es el propio tiempo el que desvanece las esperanzas vacías de contenido. Pero llenas de razones.
Y es el propio tiempo el que me enseña lo que el primer día me ocultó.

Esta canción ahora. La situación. La conversación del otro día. Las confesiones. Los hechos. Perdón, los Hechos.

A lo mejor sólo estamos dando vueltas en una espiral en la que nos hemos encontrado. Girando en la misma dirección pero cada uno en un sentido. Contrarios.
Tú en un tiempo anterior. Yo en otro más moderno.

Los dos encantados.

Tenemos miedo.

Tú por lo que has vivido. Lo que has sufrido. Ha sido como un bombazo que te ha dejado desorientado. Ojalá fueses capaz de pensar con más claridad. Y, sin embargo, estoy segura de que lo conseguirás.
Yo por haber vivido lo mío.

Conocer tu dolor me hace querer cuidarte, abrazarte.
Conocer el mío te hace protegerme, como si fuese demasiado joven para vivir.

No quiero más. Tampoco menos. Así está bien. Está genial.
Ojalá dure así un tiempo.
Tiempo suficiente como para poder conocernos algo más. Y disfrutarlo.
Pero no demasiado como para tener que echarte de menos con sufrimiento.

Eres cuki. Bueno, creo que eso ya te lo he dicho…
Hay abrazos que no deberían estar a kilómetros de distancia.

Lo que me gustaría en un día como hoy.

Me gustaría contarte eso de lo que nunca he sido capaz de hablarte. Ojalá hablar fuese tan fácil como escribir. Las palabras fluyen más fácilmente por las manos que por la boca. Y aún no sé por qué.
Me gustaría hablarte de la tristeza que se acomoda dentro y que nada tiene que ver con la sonrisa que muestro fuera. Y hace que te desconciertes cuando hablamos en serio.

Me gustaría recibir hoy de ti un abrazo reconfortante porque es lo único que necesito en este día. ¿Lo puedes leer en mi mirada? A lo mejor no. Quizás debería escribirlo en mayúsculas. Pero no quiero que mucha gente sea capaz de leer esa debilidad.

Me gustaría irme a la luna o volver a la tierra. Pero no estar en esta orbita desconocida, girando como cualquiera de los satélites de Júpiter. Siempre en el mismo sentido. Alrededor de un planeta infinitamente lejano.

Me gustaría que ya fuese mañana pero sin dejar ayer atrás. Y olvidar el peso del hoy que da a los días el presente.

Me gustaría, por unos momentos, escoger la levedad. Para después volver al peso que la rutina da a los días. Una rutina que se va difuminando a medida que pasan las horas de los días que sentencian un tiempo que sabemos que nunca volverá.

suajili para principiantes.

Él envidia esa memoria que me permite recordar todas las fechas con gran facilidad y exactitud.

Yo envidio su cabeza despistada. Y su imposibilidad de recordar, 365 días después, que lo que pasó, sucedió hace exactamente un año.

Y hoy, más que nunca, me convenzo de que no se me dan bien los idiomas. Y mi corazón habla en suajili y mi cabeza entiende solo el castellano.

La inutilidad de nuestra memoria externa.

De nuevo, un folio en blanco.
Y esa sensación de que fuera hay vacío. Y dentro, está todo demasiado lleno.

Alguien habló hoy de una memoria externa que había comprado. Una memoria externa. Y, ¿por qué nadie ha inventado aún una memoria externa para los humanos?
Tampoco creo que sea tan difícil.
Y sin embargo, sólo imaginarlo parece que ya alivia.

Poder dejar ahí, aparte, esos pensamientos que sobran hoy. No me da la gana de tener que pensarlos más.
Los recuerdos que pesan. Nos permitiría caminar más ligeros.
Dejar descansar un rato la mente, liberándola de algunos miedos.
Y sobre todo dejar sitio para que entren más sueños. De los que merecen la pena. Y hacen grandes a los hombres.

Y después de tantos años de evolución biológica, cultural y tecnológica seguimos sin memoria externa.

Quizás es que no nos viene bien y no merece la pena.
A lo mejor es que hacen falta esos pensamientos como ingredientes fundamentales para los pensamientos de mañana y los hechos de hoy.
Quizás los recuerdos sean buenos. Y no este del todo mal echar de menos. Ya que sin la tristeza de las despedidas no tendríamos la alegría de los reencuentros.
A lo mejor es que los miedos también son necesarios, puede que el éxito sean fracasos superados.
Y que los sueños sean sueños precisamente por todo esto.
Quizás no existiría la inspiración. Que no es más que eso; hacer del caos un arte.

Dedicado a A.Ita Ita.

Lo que yo haría si tú me dejaras.

Si me dejaras volvería a presentarme. Encantado de conocerte. Dos besos.
Volvería a presentarme sólo por enamorarme a primera vista otra vez. Volvería a enamorarme de tu sonrisa tímida.Y de tu atenta y desconocida mirada. De tu belleza femenina.
Inquietante. Y, desde el primer momento, interesante.

Volvería a conocerte. A disfrutar contigo. Repetiría cada una de nuestras conversaciones y de nuestros planes. Volvería a sorprenderte. Y volvería a besarte por primera vez.

Si me dejaras, borraría lo que pasó después. Y sencillamente, volvería a empezar. Me presentaría una vez más.

Si me dejaras, me pasaría toda la vida así. Convirtiendo mi vida en un bucle infinito, sin salir de esos momento.

No sabes cuánto..

Pensamos en lo mucho que nos echaríamos de menos.

¿Cómo se llama ese dolor profundo que se instala en el fondo del alma cuando te falta alguien que ya forma parte de tu yo? ¿Y cuándo esa persona es tu otro yo?

Sabes que no volverán esas tardes infinitas. Llenas de conversaciones inacabadas. La preocupación de no estar preocupado. Y la confianza sin recovecos. La comodidad de estar con quien te conoce mejor que tú mismo.

-¿Me entiendes?
-No sabes cuánto…


Infinidad de momentos atraviesan la mente en un solo instante. Cada uno con su color, su olor y su alegría.

Decidimos cambiar la perspectiva. Y la manera de enfocarlo. En vez de ocultarnos en la oscuridad de la noche nos tumbaremos ,como aquellos segundos aquí y aquella vez junto al mar, a disfrutar de la noche estrellada.

Pensamos que lo mejor es disfrutar de lo que queda. Y vivir hoy.
Una inmensa alegría nos invade. Y recordamos que hoy es hoy.

Alguien cercano nos dijo una vez que la vida era sabia. Por una vez, vamos a fiarnos de la vida.

Dedicado a A.P, y a su infalible optimismo.