repeticiones indeterminadas
Miqui escribió una lista de cosas “que todos necesitamos repetir en diversas ocasiones”.
Después me animó a escribir mi propia lista.
Aquí está.
- Oír: Lores, nunca pasa nada. Mientras sonríe.
- Entrar en casa y saludar en alto, porque siempre hay alguien que contesta con alegría.
- Escuchar con S. canciones de Sabina en el 132. Mientras hablamos de nuestra tierra, de lo bueno que será el verano y la vuelta a casa.
- Los martes locos con gente loca. Y terminar gritando y cantando en el mirador de Moncloa.
- Recorrer el paseo marítimo de La Coruña en moto, un día soleado de agosto. Y tener que parar en un semáforo para recoger una alpargata que se nos ha caído en las vías del tranvía.
- Tener un buen libro entre manos.
- Una tarde contigo. Paseando hasta Plaza de España. Riéndonos juntos. Tus detalles. Y la despedida en Moncloa.
- Leer las poesías de Berros ao Ceo. Sentirme identificada en las entradas de Zeta. HoyestálloviendoenParis. Pensar que Patri nos lee a los dos.
- Pasar unas horas en la O de Zielo. Mientras hablamos. Esta vez, de verdad. Con calma y sinceridad.
- Volver a CASA. Y estar con mi familia.
lo que permanece elegantemente oculto

Nunca me había hecho esa pregunta. Y no estoy segura de saber la respuesta.
En el mundo de los sentimientos son más viables las comparaciones que las descripciones. Al menos que estemos seguros de los términos empleados.
Supongo que siento lo mismo que tú cuando descubres, admirado, la belleza y perfección de la sonrisa de esa chica de ojos negros.
Siento lo que siente cualquier artista cuando lee una obra perfecta, en la que cada una de las palabras escritas parecen haberse inventado únicamente para ser utilizadas en esa obra y ocupar ese lugar en la frase.
Y que posiblemente en cualquier otro texto carecerían del sentido y de la belleza que el orden de ideas y sentimientos les proporciona.
Siento lo que siente un amigo cuando descubre en su compañero de viaje grandes facetas. Admirándose una y otra vez al descubrir un mundo de belleza interior que se muestra pocas veces y que la mayoría de las veces permanece elegantemente oculto.
Siento el misterio de comprender que mi cabeza intenta encontrar las palabras para describir lo que vive. O tal vez la melodía de lo vivido.
Siento el enorme placer de la lectura perfecta, de una complementación imperfecta y atemporal, de los recuerdos vacios de contenido y repletos de sentimientos.
Siento la lejanía de su ausencia. Y la presencia de una unión y comprensión secreta que jamás saldrá a la luz.
hacer del caos un arte
Por un momento pensamos que podemos sobrevivir en el desorden absoluto de ideas y pensamientos encontrados. Altruistas. Contradictorios. Y lo peor de todo, poco realistas.
Eso tampoco tiene resultado.
Al final nos desesperamos. Abrumados nos bloqueamos.
Las ideas corretean asustadas de un lado al otro de la mente. Sin saber muy bien donde está la salida. Se chocan unas con otras. Rebotan. Se asustan. Al final, se agotan.
La paz invade el espacio. Su entrada lenta y triunfal ahuyenta al cobarde caos que se había hecho con la mente.
La paz, que siempre llega después de la guerra, suele ser más desalentadora que esta. Al fin, cuando todo se calma, podemos apreciar el caos de lo estático. La cantidad incalculable de desperfectos ocasionados.
Y solo existe un arma más poderosa. El tiempo. Es un arma lenta. Pero siempre coloca todo en su sitio, lo arregla, lo moldea. Lo tiñe de una visión algo optimista y ligeramente realista. Dinámica.
Al final sobrevivimos. Aprendemos. Y después de todo, nos reímos. Porque el caos siempre tiene un perfil divertido. Alternativo.
Así vivimos. A veces, no siempre.
pequeños detalles envueltos en rutina

Mirarnos unos a otros intentando descubrir quien es el más patoso comiéndose una hamburguesa de pollo del Mc Donalds de Cuatro Caminos el mediodía del jueves que decidimos no comer en la facultad.

No conocerte de nada y sin embargo no considerarte un extraño porque tú sabes quien soy yo, y yo sé quien eres tú. Y que eso nos sirva de excusa para escribirnos largas parrafadas intercambiando opiniones distintas sobre la visión antropocétrica del mundo y todas sus consecuencias. Y alegrarnos, ya que no todos los días se encuentra a un desconocido conocido con el que se puede hablar de verdad.

Reirme con mis hermanos recordando momentos divertidos que ninguno hemos podido, ni querido, olvidar. Y saber, mientras nos reimos escandalosamente, que nos unen muchas más cosas de las que nos podemos imaginar. Muchas más de las que nos podrían separar.

Escribir en este cuaderno que me regaló un buen amigo una tarde de febrero. Y encontrarme, en medio de las hojas que hoy lleno de palabras, su letra con frases que me gusta no olvidar.
Escribir aquí.
Releerlo como me aconsejó aquel gallego rubio.
Y después pasarlo al blog y disfrutar leyendo vuestros comentarios.
lápices de colores
Los días fueron pasando, comenzaste a dar uso al viejo sacapuntas. Primero con el amarillo, rojo, azul, verde … También llegó el turno del marrón. Azul marino. Para todos llegó el momento de renovar la punta.
Con el tiempo el tamaño de los lápices se fue reduciendo, hasta llegar a una longitud de no más de seis centímetros. Entonces ya habías olvidado aquel día en el que te paraste en la papelería, el precio de los lápices. Ya te habías examinado de aquel duro examen cuyos apuntes coloreaste tan bien.
Fue en este momento, otra aburrida tarde de estudio, decidiste que lo más productivo en aquel momento era hacer una limpieza de tu estuche. Entonces, de una manera rutinaria cogiste los lápices y sin más vacilaciones los metiste en ese bote, el que tienes encima de tu mesa. En cuyo fondo están los lápices de colores de pequeño tamaño, unos cuantos clips, alguna goma de borrar vieja. Ahí se quedaron durante años los lápices de colores.
Seguramente te has imaginado el bote de encima de tu mesa. Muy posiblemente has encontrado en él, los lápices, la goma, los clips.
Y es que, ¿alguien puede explicarme por qué nuca tiramos los lápices si no vamos a volver a usarlos?
todo sobre nada y algo sobre ti
-El martes volví al VIPS de Alberto Aguilera. La calle donde estudian nuestros hermanos.
"Zona de fumadores, por favor." La misma mesa.
Cuando me di cuenta de que enfrente no tenía a un chico rubio de ojos claros pidiendo un batido de arándanos, me levanté y me fui.
Pues yo ya no tenía nada que hacer ahí.
-El jueves teníamos prácticas y comimos en la facultad. Salimos a la terraza a beber una birra antes de entrar en clase. Cuando llegué a aquella mesa libre te vi en la de al lado.
Estabas demasiado cerca como para irme.
Hola.
Hola.
Estabas demasiado lejos como para hablar.
Te eché de menos. Y eso que estabas ahí al lado.
Hablé de todo, pero solo pensaba en ti.
-No suelo leer los clásicos de la literatura. Pero el otro día comencé "Viaje al centro de la tierra", de Julio Verne. El protagonista es geólogo.
¿Lo sabías? Yo no. El libro me gusta.
-El otro día quedé con una amiga. Estuvo un buen rato hablándome de las ventajas e inconvenientes de vivir en el Escorial.
-Ayer desayuné madalenas.
Una vez más; me encantas*.
(*Encantar:
1.Someter a poderes mágicos.
2. Atraer o ganar la voluntad de alguien por dones sobrenaturales, como la hermosura, la gracia, la simpatía o el tealento.
3. Gustar en gran medida. Agradar mucho.)
Pero a veces todo se confunde. Uno quiere decir PAZ y sale GUERRA.
conversaciones incompletas

D-¡me encanta BH!!!
P- ¿hasta que punto?
D-¿qué puntos hay?
D-Bombón, ¿cómo estas?
P-no soy un bombón.
D-si que eres un bombón.
P-no.
D-entonces, ¿qué eres?
P-algo más amorfo...una palomita...
D-ella ya lo sabe.
P- ¿se lo digiste tú?
D-no, me lo dijo ella a mi.
T-¿quién es w?
D-¿w?
T-no...zeta...
M-¿qué hora es?
P-¿cuándo?¿ahora mismo?
A-quién te ha enseñado a liar¿?
B-a mi, Plaza...creo...o por lo menos he aprendido a liarlo bien mirándolo
A-quien es plaza¿?
B-un amigo.
A-fuma de liar¿
B-no.
-¿Sabes lo que pasa? que nos encanta encantar.
nunca pasa nada.

Ellos no lo saben. Y es mejor así.
Momentos tristes que tienen como fundamento una visión algo más desalentadora de las dificultades diarias.
Parece imposible continuar con tantas historias sin final rondando por la cabeza. Todas ellas desorientadas. Corren. Vuelan. Buscan su final. Pero no está. Aún no.
Parece imposible conseguir no sufrir con algunas palabras clavadas en la zona más sensible del corazón.
Parece imposible creer que haya final en un túnel donde nos encontramos desde hace tiempo. Caminando. Aún no se ve ni un atisbo de luz. Salvo el de aquella mirada que parece dispuesta a no separarse de mi lado.
Y esa mirada me lo recuerda. Lo que había olvidado. Y de pronto es cuando otra perspectiva hace su entrada en escena.
Nada como volver a encender la luz para encontrarse. Como cuando uno se despierta y no sabe muy bien donde está.
Nada como darte la mano para tener la seguridad de que no estoy sola. La seguridad de que conseguiremos juntos lo que yo sola jamás hubiese logrado.
Y después comenzamos a reírnos. Eso siempre. Nos reímos de esta situación. Y también de la anterior.
Seguimos riendo. Nos reímos de la tristeza, de la inseguridad, de las dificultades y de las pocas ganas. Y poco a poco todo esto va desapareciendo. Se van lejos.
No sé ni que escribo. También nos reímos de esto. ¿Por qué no?
Al fin seguimos vivos. Y bien. Y juntos. Entonces, tranquilos.
Y al final del día nos dormimos. Y soñamos tranquilos.
Porque nunca pasa nada. ¿En serio? En serio.