Un café solo. Un Marlboro. Bébetelo despacio que quema. Y fuma hasta terminarlo. Siempre hasta el final. Hasta la última calada, cuando ya no quede nada, lo tiras. Fúmate las letras también. El café sin azúcar.
¿Un par de hielos? No, gracias. Prefiero dejar las cosas como son, disfrutarlas como están. Café y cigarro.
No más.
El cigarro se consume, el café se termina.
Y yo, ya entiendo. Ya lo pillo. Lo comprendo. Y quiero que lo sepas, que lo disfrutes, que te alegres. Por fin lo he conseguido. Por fin comprendo lo que dices. Lo que dijiste.
Porque lo has hecho cuando lo hiciste.Tantos hechos que no comprendía, y al final el tiempo dio la razón a quien la tenía.
Y qué bien razonado. Y qué bien comprenderlo.
Y qué bien colocarlo, cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Y lo que estorbe y no valga, se tira. Y lo que se tire,
por favor, con cuidado que
se recicla.Siempre igual pero nunca lo mismo. Diferente. Común. Vulgar y a veces, incluso, absurdo. Y qué bien.
Y ¿qué más da? Si hoy soy libre, esta vez de verdad.
He subido a tientas.
Sin ver. Me fie de tus palabras, sabía que no mentías. Comprendí que no lo harías, que detrás de tus silencios y palabras
se escondía la verdad. Caminé a oscuras
durante toda la noche, ahora ha amanecido de nuevo.
Hoy he llegado a la cima, hasta arriba, a lo alto. Hasta donde no es posible subir más. Y una vez allí lo he visto todo. Mejor, diferente, desde otra perspectiva. Mucho más amplia, más sincera y sencilla, más clara, más limpia.
Y más bella. Y te lo cuento, para que lo sepas, para que te alegres. Para que disfrutes conmigo, para que puedas también conocerlo. Para
agradecerte haberme guiado por el buen camino. Por no haberte aprovechado de quien no veía lo obvio, de quien negaba lo evidente, de quien quiso
hacer del huevo una gallina y de la gallina, huevo. Para quien afirmaba rotundamente de la existencia primera de la gallina, ¿y si fue el huevo?
No lo sabes y yo tampoco. No lo sé, y hoy lo reconozco.Ha pasado poco tiempo. Pero he hecho un viaje muy largo,
casi eterno. La ida fue larga.
Y después, he vuelto. Siempre más sencillo volver, más corta la vuelta por un camino ya conocido. Aunque aún no familiar.
Nadie más lo entiende. Antes me importaba un poco más, ahora nada.
Nada de nada. Yo lo comprendo y me llega.
Yo lo entiendo y me basta. Tú me lo has explicado. Lo comprendo. Y me da igual si me toman por loca, si creen que me contradigo, si no entienden lo que hablo o como actúo.
Ya lo sabes; todo y nada es lo mismo. Yo siem

pre tan
radical. Y tú siempre tan
ambiguo.
Incoherencia y contradicción. Solo así conseguiremos
ser auténticos.
El cigarro se consume. El café se terminó.
El vaso vacío sobre la mesa y la colilla apagada en el suelo. Toca vivir otro rato, después ya habrá más tiempo para comentarlo, para volver a escribir, para contarlo. Para saber contarlo hay que saber vivirlo primero.
Te dejo, nos veremos en el próximo café y cigarro. La próxima invito yo.
Buena suerte.