tu otro tú y mi otro yo

Desde que lo conozco es diferente. La relación es distinta a las demás. Él no es como otro más. Es especial. Él es algo muy difícil de explicar. Es mi otro yo.

Él es mi otro yo. Las cartas de la baraja que no tengo, y que por tanto sé cuáles son. Pero juega conmigo. En el mismo equipo. En el que, en esta partida, le ha tocado perder. Y en muchas otras, diferentes a estas, ganar.
El mismo yo con sonrisa de bobo por fuera y serio por dentro. Con apariencia tranquila y absolutamente excitado por dentro. Con porte sereno y pacífico, y en cuyo interior alberga una constante lucha entre el sí y el no. La ilusión y la desilusión. La alegría y la pena. El pasado y el presente. En definitiva, la eterna lucha entre el corazón y la razón.

Él también médico y enfermo al mismo tiempo. Luchando sin cansancio por conseguir un puesto importante en ese corazón prohibido y deseado, temido y admirado. El mismo que tantas veces se ilusiona para después desilusionarse y se convence con mil razones que no se cree.

Nunca llegamos a ninguna conclusión. No hay solución. Siempre dando vueltas en el mismo bucle. Cuando él habla de sí, yo digo no. Cuando él lo niega entonces mi papel es el de la afirmación.

El mismo yo. Me contradigo y me contraduzco. Valientes aunque con la cobardía que les aporta la derrota. Sinceros aunque no digan nunca la verdad. Y callados aunque lo digan todo. Ilusionados en la derrota y esperanzados, sin esperanza.
El mismo yo que camina sin rumbo en busca de lo imposible. El mismo yo que me hace ver en sus actos mis errores. Y en sus palabras, mis argumentos. En sus dudas, mis vacilaciones. El mismo yo que con su tristeza me muestra mi dolor. Y en su esperanza mis razones para no dejar la lucha.

El mismo yo. Por el que sufro cuando ella habla, diciendo lo que no debería decir. Y yo la escucho. La escucho callada cuando me gustaría gritarle que no es así. Y permanezco quieta cuando me gustaría correr hacía él y advertirle cuanto de verdad y de mentira tiene su inocente ilusión. Pero no puedo. Precisamente mi propio yo me impide ser totalmente sincera con mi otro yo.

Y por eso es diferente. Porque nunca es otro. Ni uno más. Él es el otro yo. Y por eso nos queremos sin amarnos. Y vivimos paralelo sin fallarnos. Porque somos dos, pero cada uno de nosotros es el otro yo.

for you Z

Hace tiempo que pienso en hacerlo. Pero nunca encuentro el momento, ni el cómo, ni el porqué hacerlo. Lo hago ya. Sin motivos ni momentos. Sin pensar en nada de eso. Quiero hablar de la verdad. Quiero contar como lo veo. Lo que siento y porqué te aprecio.
Pero no sé porque te aprecio. Supongo que será porque no somos más que dos almas débiles en busca de la misma fortaleza que siempre corre más, que nos es imposible alcanzar. Tal vez porque nos llenamos de argumentos que compartimos para luego compartir también el momento en que todas esas bases poco sólidas se desmoronan con una sola palabra, con un gesto, con algo insignificante pero tan fuerte que es capaz de romper el silencio que llevaba reinando tanto tiempo.
A lo mejor es que te aprecio por ser reciente y parecer ya un viejo amigo. Un amigo diferente. Un amigo que camina en dirección paralela, sin que nuestras vidas se crucen, pero dando los mismos pasos en los mismos momentos.
Quizás porque hemos vivido vidas muy diferentes pero en un momento concreto nos hemos encontrado y hemos descubierto un montón de semejanzas que hacen que nos comprendamos sin saber muy bien el porqué estamos haciendo esto, solo sabemos que lo hacemos.
Porque sabemos que la piedra está ahí, que hemos tropezado ya muchas veces. Y volvemos a hacerlo. Como si el recuerdo de la caída se hubiese borrado de repente, como si no importase volver a caer.
Alegres, contentos. Intentamos descifrar el mundo de las palabras. Siempre escribiendo. Siempre leyendo. Siempre con una historia en la mente y con una sonrisa en la boca. Siempre con ganas de más. Siempre riendo.
Siempre algo nerviosos, algo excitados y algo insatisfechos. Por llenarnos de relaciones que no llenan, de buenos momentos que arrastran a sus espaldas un sinfín de sentimientos contrapuestos.

Porque sí. ¿Por qué no?
Porque eres como eres y me gusta.

borrón y cuenta nueva

Borrón y cuenta nueva. Esta vez sin éxitos de los que presumir y sin fracasos de los que lamentarse. Sin tiempo que perder pero sin prisa por ganarlo. El éxito no lo asegura nada, solo se aproxima a él quien lo hace bien. Y aún así no tiene porque vencer. Es todo demasiado desequilibrado como para sobrevivir. Y demasiado perfecto como para ser real.

La mente no olvida con el tiempo, el corazón es más experto en hacerlo. Siempre reteniendo los buenos momentos, dejando de lado aquellas tardes de sufrimiento. Total, qué más da. Si ya no están. Si sabemos que no volverán. Qué nunca volverán. ¡Qué palabras tan vacías y cuanto llenan! ¡Qué silencios tan eternos y cuando enseñan! ¡Qué bien saber, querer y poder continuar!

Todos miran y nadie observa. Solo animan, desaniman. A veces fallan y muy pocas veces aciertan. Pero no importa, pues hoy sabemos que los puntos acumulados se pierden. Y que es mejor utilizarlos cuanto antes. Ya que después se desvanecen. En el olvido, en el vacío, en ese tiempo que tantas veces carece de sentido.

Ni yo misma se lo que digo, pero mido cada una de las palabras que escribo. Con miedo a que sean tan largas que no quepan en un papel o tan cortas que no se vean. El tamaño perfecto no existe, ni tampoco la manera perfecta de hacerlo o de saberlo.
Y entre nada y todo pasa el tiempo. Tiempo cargado de momentos que no están pero que fueron. Algunos se los llevó el viento y otros siguen dentro, muy dentro. Tan profundamente dentro que ni yo misma los veo. Pero están ahí, lo sé porque lo siento.

No es tan fuerte como parece, ni tan estable como aparenta. Los demás no lo saben. Piensan que en ella es todo tan claro como su sonrisa, que es tan bello como su mirada, que es tan sincero como sus palabras. No imaginan que detrás de un simple viento se esconde un huracán, que el sol tantas veces quema, que el mar es lo más complejo aunque tenga esa apariencia tan calmada y tan serena.

No tienen miedo a la incoherencia. Y no le importa pasar vergüenza. Ni asentir lo que mañana negará. Y negar lo que siempre ha asentido. No le importa nada de eso. Ni las apariencias, ni el qué dirán y sin lo dirán de verdad o será una verdad a medias.

Solo le importa vivir cada día, y disfrutar de la vida. Porque sabe que cada momento que viva nunca más volverá.

diferencias

Siempre es la misma película pero nunca repite argumento. En los detalles más insignificantes puede apreciarse la vital diferencia.
Siempre sonríe cuando toca llorar y llora cuando ríen. La misma película y sin embargo, argumentos contrapuestos. Algo absurdos, algo ciertos. Y siempre visiblemente opuestos.

Las ideas vuelan y tú atrapas las que puedes. Y yo, las que quiero. Porque quiero contártelo una vez más. Porque sé que sabrás escuchar.
Y tú lo haces porque te obliga tu naturaleza, porque no puedes pedir más.

Y los dos sonreímos a ese viento que mueve en la atmósfera las ideas que atrapamos al vuelo y que luego siempre transmitimos con aparente sinceridad. Sin saber muy bien qué dirán. Tú siempre esperas mi respuesta sincera y yo tus palabras que, casi siempre, aciertan.

Y si no lo conseguimos volveremos a empezar. Porque siempre volvemos al cero. Siempre volvemos al inicio cuando toca terminar.

Siempre el mismo final aunque tenga diferente comienzo.
Siempre la rueda girando sobre su eje. Siempre dándonos una segunda oportunidad.

Pero no importa. Valorando las palabras todo lo demás da igual. No importa el espacio que nos separe. Tampoco el tiempo que dista tu vida de la mía. Menor importancia tienen las diferencias ideológicas, sociales, educativas y, me atrevo a decir que, culturales. Poco.

Poco importan. Y sin embargo es una diferencia tan vital aunque en apariencia tan sutil. Y en cada frase, en cada texto, en cada una de las pinceladas, también en el enfoque y el color se reflejan estos hechos. Cada palabra del texto relata los orígenes, las diferencias y la disparidad de los contextos en los que se basa, a los que refiere, los que imagina y también los que quiere.

Todos los demás no verán más que tristeza en mis palabras. Imagino las reacciones de los que no comprenden a que me refiero, de que hablo o que es lo que quiero.
Y tú sonreirás porque sabrás que he comprendido algo más. Porque aún me queda mucho viaje por disfrutar.

Porque no deja de sorprenderte que entre tanta diferencia nos encontremos buscando la misma verdad.

Te odié

Cuando me di cuenta realmente, te odié. Te odié profundamente. Odié tu fría personalidad y todo tu inexistente ambiente. Tu mundanal miseria trazada alrededor de tu ego. Odié también tus sonrisas, tus palabras bonitas y el que me gustase tanto quererte.
Odié todo por lo que pasé y también lo que quedó sin hacer. Tus miradas tranquilas, tu pesimismo innato. Todo eso que cargaste sobre mi mochila, que cada día hacía más costosa la marcha.
Odié esa pasividad. El control de la situación. Tu manera de ampliar tu libertad mientras la mía se iba recortando por momentos. Odie tu forma de mirarte, de enfocar la vida siempre a tu favor. De que cada uno de tus actos tuviesen comienzo y final en ti mismo.
Odié tu manera de despreciar todo lo diferente. Tu manera de aniquilar ideales más nobles que los tuyos. Tu manera de aprovechar el dominio para arrasar con todo lo que no te interesaba escuchar.
Odié todo y sin embargo me pareció imposible de olvidar. Imposible arrancar cada recuerdo y cada conversación de ese maldito lugar de la memoria donde se habían grabado a fuego, de ese maldito lugar del corazón en donde habían llegado ya muy hondo.

Y hoy ya no odio nada de tu persona, nada de aquello que pudo ser y no fue. Agradezco que no fuera. Que no existiera nada más, pues lo que pasó fue suficiente para marcar a un corazón.

Bah! Ahora que lo pienso tampoco fue odio. Quizás sea una palabra demasiado fuerte, quizás el odio fue de una etapa anterior ya olvidada. Quizás fue solo una visión algo más real. Un cansancio en un incansable. Una caída por peso propio. Un suspiro entre tanta lágrima.
Pero no te engañes, no vale tanto todo esto. No hubo cansancio, ni caída, ni suspiro. Y por supuesto, ninguna lágrima.
Solo un par de papeles rotos y otro par de documentos sin entregar. Y una conversación de chat que lo dice todo. Y el otro que habla claro, y que afirma que él está. Está de verdad.

Y después, el maldito silencio. Algo sobrio, algo vulgar. Y por hoy, nada más.

No hay odio. Ni rencor. Simplemente no se puede. Tiramos demasiado fuerte en sentidos contrarios y la cuerda se rompió.

No te desprecio. Simplemente, no puedo. No debo. Y no lo entiendes. Y tampoco pretendo que lo hagas. Y no comprendes lo que te digo y perdóname si es que, de verdad, no me explico.
No me quedan más palabras. Ni tampoco más silencios.
Solo quiero vivir un tiempo. Algo que merezca la pena. Algo un poco más atento y más sincero. Algo más contenta.
Y lo siento, de verdad lo siento.
Ahora que volvemos a tenernos y decididamente te pierdo.
Y no lo entiendes. Y te aseguro que por mi parte ha habido un gran esfuerzo. Y que solo antes de morir, te dejo.
Tu mundo está muy lejos. Y no puedo. No llego. Tampoco quiero.

Me ha desecho el camino, el caminar. Y aún no he llegado a tu puerto. Imagina si llegase. Imagina si te alcanzo.

Perdóname si no puedo. Quizás algún día lo entiendas, quizás cuando tengas menos ego.
Que no es orgullo ni apatía, que tampoco se trata de floja cobardía.
Lo que pasa es que soy de esos, de los que no somos de hierro y no podemos cruzar esa línea que trasforma nuestra vida en un infierno.

Y además él me quiere de verdad. Y me dice que no siga, que me mire, que ya no puedo más. Que si sigo por ahí me pierdo. Y, lo siento, pero él me quiere mucho más.

Hasta siempre compañero. Hasta siempre viejo amigo.

Da igual

De cada una de tus palabras haré un texto.

Iré despedazando las letras, exprimiéndolas para que queden reducidas a polvo, desechas. Para obtener de cada una de ellas su esencia, su interior más puro. Su verdadera naturaleza.
Y así conseguiré encontrar el hilo conductor que me llevará directamente al centro del ovillo.
Y así conseguir deshacer toda esa maraña de pensamientos, sentimientos e ideas que decidiste mezclar en ese párrafo final.

Y después te lo mostraré. Y no sabrás muy bien por qué pero te gustará. Y será porque tu subconsciente lo reconocerá como propio. Y te identificarás. Y te sentirás reflejado, como si de un espejo se tratase.

Y eso será porque este texto procede de cada una de tus palabras escritas en ese último párrafo.

Y después lo conseguiré.

Conseguiré que no seas para mi más que un montón de textos inacabados. Textos con verdades reveladoras.
Frases escritas específicamente para cada uno de los momentos. Para todo tipo de acompañantes. Para tu inspiración y mi necesidad de hacerlo.

Y entonces me importará muy poco cuantos lean. Cuantos digan lo bien que hacemos esto, y que es mejor cuando va lento. Cuando es con tiempo. Y cuando va acompañado de dolor y sufrimiento.

¡Qué dulce contradicción! Que los mejores textos sean aquellos que están escritos desde el más profundo dolor. Que las mejores partes escritas por mi son las que no comprendo ni yo.

Un montón de ideas en la mente que aún no sabemos si conseguiremos expresar, comunicar, decir o adivinar.

No hay quien entienda lo que dice. No hay quien sepa a que se refiere. Solo indagando en lo más profundo, solo escalando a lo más alto conseguiremos encontrar un atisbo de realidad en sus palabras. De una realidad que nunca habíamos conocido, que ni siquiera nos habíamos planteado pero que cuando comprendemos y analizamos nos resulta siempre vulgarmente familiar.

Es cuando lo comprendes de verdad, cuando analizas lo de detrás. Lo del fondo. Lo oculto. Es entonces cuando te das cuenta de esa realidad. E intentas comunicársela a los demás.
Lo intentas una vez. Y otra vez más.
Pero no consigues lo que quieres, no lo entiendes. Ellos no lo ven. No lo comprenden.
Pero tranquilo, yo te entiendo. Sé lo que dices. Es difícil comprenderte pero es que yo he visto mucho más. Y sé lo que sientes.

Pero no importa ya. Tú escribe. Todo lo demás da igual.

conclusión mental nº 26- "aprendizaje"

¡Hola a todos!
Ayer estuve de cumpleaños y recibí muchísimo.En esta ocasión "especial" quiero compartir con vosotros una de las más importantes lecciones que he aprendido durante este año. Espero que os guste.
¡Un abrazo a cada uno!
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Siempre las mismas piedras en el camino. Y yo, el caminante, buscando la verdad sin desesperación. Como el burro que daba vueltas alrededor de la misma noria pero un día se soltó y nunca volvió. Como el jinete del caballo que enloquece. Como una mente persiguiendo a su corazón.

Las piedras siempre colocadas en el lugar preciso para el tropezón. Y yo, caminante, buscando sin dirección. Y el burro lejos de la noria. Y el jinete cae del caballo que enloqueció. Y la mente acelera la carrera intentando alcanzar al corazón.

Y el camino se vuelve arduo, también para esas piedras que pasan el día al sol. Y la verdad se resiste a que la encuentre yo. Y la noria busca al burro que un día le ayudó. Y el caballo ya non sabe a quien obedeció. El corazón mira hacia atrás y corre sin control.

Las piedras se redondean con la lluvia, adoptando la imagen de una suave erosión. Y yo, caminante, voy tranquila caminando, sabiendo que llegaré aunque no sea hoy. Y el burro relentece su ritmo porque ya se encuentra fuera de peligro. Y el caballo se pregunta el porqué de tanta locura y si merece la pena tanta amargura. Y el corazón mira de nuevo y decelera, para poder ser alcanzado por su mente.

...

Y con el tiempo...

Las piedras erosionadas nos enseñan la naturaleza del camino y su evolución.
Yo, caminante, llego a la meta de esta etapa. Y celebro que encontré el camino y supe la dirección.
El burro disfruta de su libertad lejos de su prisión.
El caballo aprende de sus locuras. Y el jinete comprende un poco más a su animal.
Y, por fin, se juntan mente y corazón. Porque la mente ha sido más rápida. Porque el corazón le esperó.

El Final

Déjame que te lo explique sin entenderlo. Y que lo entienda y no te lo explique.
Déjame a mi sola enredarme y desenredarme. Quererte, desquererte y después odiarte.
Déjame amarte y después sufrirte.

Déjame alejarme. Alejarme sin explicarte. Sin decirte la razón. Sin que me veas. Cuando menos te lo esperas, cuando cambies, cuando los demás no miren. Déjame hacerlo así.
Que cuando quieras darte cuenta ya esté lejos. Que tú mires y solo sea un punto negro en el horizonte. Y que grites pero yo ya no te oiga.
Que ahora lo ves, y después desaparece para siempre.
Déjame hacerlo de esta manera. Algo sutil.
Déjame hacer de forma cobarde mi acto más valiente.
Déjame marcharme de tu vida para empezar a vivir mejor la mía.

Y no encontrarás explicación en la noche. Ni tampoco por la mañana. Ni la mañana de mañana. Ni ahora. Ni siempre. No busques. Pues no encontrarás nada.Y no te preocupes pues no pasará nada.

Seguiremos como siempre. Y los demás no notarán nada. Ni los tuyos ni los míos verán la diferencia de nuestra distancia. Pero notarán el cambio en nuestras miradas.
Tú no dirás nada. Y yo caminaré callada.

Y seguiremos. Yo caminaré y tú permanecerás ahí sentado.
Pero poco importan los detalles a los que, en los momentos de dolor, nos agarramos. Poco importa lo que dijimos, a lo que nunca nos atrevimos y lo que callamos.
No tengo prisa, pues sé que ya nunca alcanzarás mis pasos.

Añorarás mis visitas, mis palabras, mis comentarios y mis ánimos. Añorarás abrir conmigo esas cajas de pensamientos tan extraños, tan profundos y tan humanos.
Y yo tendré morriña del vacío que llenaba tu presencia. De la luz de tu mirada y tu sonrisa algo traviesa.
Y de nada más. Pues entonces ya no quedará nada.

Y tú conseguirás que en esas importantes neuronas encargadas del recuerdo de mi persona no entre ni un soplo de olvido y que tampoco pierdan brillo. Conseguirás que ese brillo ahí guardado ilumine tu mirada cuando me recuerdes.
Y yo conseguiré seguir queriéndote como eres, sin idealizar y sin subestimar.

Y a pesar de todo esto sé que no vendrás detrás. No correrás cuando esté lejos.
Te limitarás a afirmar que lo hecho, hecho está. Y qué pasó y ya está.
Y en medio de todo mencionarás algo referido a mi libertad.
Seguirás parado mientras yo camino.
Y por eso nunca me podrás reprochar que me haya ido, porque cuando lo he hecho no has venido detrás ni conmigo.

Cajas cerradas

Un montón de cajas sin abrir. Un montón. A lo largo y ancho de todo el pasillo.
Una mudanza. Una esperanza. Y como despedida, un par de besos. Aunque para otros, ni eso.
De todo esto no salvaría ni un hueso.
Y tú no darías ni una idea absurda. Ni una locura indecente. Ni un pensamiento sincero.

¡Qué ignorantes! ¡Qué cobardes! Y en conjunto, ¡qué desagradable!
Y, ¡qué monótono! Siempre la misma historia.
Siempre la misma burra que gira alrededor de la misma noria.

Y me preguntas, ¿de qué hablo? Pero vamos … si ya lo sabes.
No te hagas el tonto. Ni el loco. Ni el pato. Y menos, el moro.

Y te sonrío, como si no supiese hacer otra cosa.
Y te lo digo. Y te pregunto. Insisto. Porque me encanta oírte hablar de mi. Porque me gusta mi nombre en tu boca. Tus halagos siempre amables.
Y la incoherencia en cada fonema que pronuncias.
Y todo con ese acento tan característico.

Y mientras ellos miran desde lejos. Y se entretienen. Se entretienen con todo aquello. Tan absurdo, tan patético. Y como siempre, intenta desviar la atención de lo importante. Señalando a lo lejos, desviando las miradas hacia un punto indefinible del horizonte.

Pero tú y yo sabemos que las cajas siguen sin abrir. Siguen en el pasillo. Cerradas. Y son un montón.

Dejamos pasar el tiempo. Y dejamos que también se cuele entre nosotros un buen trozo de espacio. Y si quieres, de silencio.

Y después de todo ese tiempo, todo ese espacio y todo el silencio hemos cambiado.
Lo noto. Y con sinceridad, lo siento.
Tu pelo crecido. Y mi cabeza, sin pelo. Pero tú aún no estás preparado para saberlo.
Tu éxito vacío. Y el mío, discreto.
Tu silencio que miente. Y el mío, aún menos sincero.

Y las cajas siguen sin abrir. En el pasillo. Son un montón. Y están cerradas.

Y ellos siguen desviando la atención de tantos otros. Todo miran donde señala el dedo, sin saber muy bien por qué. Sin saber muy bien a dónde. Un lugar indefinido. Y muy lejos.

Y tú y yo por fin nos hemos parado en el pasillo. Delante del montón de cajas que siguen sin abrir. De las cajas cerradas.

Prefiero tirarlas al mar antes de abrirlas una a una. Y además, nos queda el mar tan cerquita.
Prefiero deshacerme de la primera, de la segunda … así hasta la última.
No pienso abrirlas yo sola. Y tú no estás dispuesto a hacerlo.

Nuestras cajas. Nuestras cosas. Nunca sabrás que había dentro. Y yo, tampoco.
Y decidimos que es lo mejor.
Algo serios. Algo agobiados.
Fingiendo ser maduros. Fingiendo saber lo que hacemos.
Y vamos. Y las tiramos.
Una a una las cajas van cayendo al mar. Todas. Cada una. Cerradas.
Y en nuestra mente, algo de culpabilidad que confundimos con responsabilidad.

Y el mar las acepta sin dudarlo. Y las va tragando una a una. Y a su fondo van a parar nuestras cosas. Todas las que llenaban nuestro pasillo. Todo lo que acumulamos en aquella mudanza. Todo lo que empaquetamos corriendo pero luego no fuimos capaces de volver a abrir, de ordenar, de colocar, de redistribuir.

Y una vez terminado el trabajo nos fuimos. Cada uno a lo suyo.

Y allí seguían ellos. Mirando sin saber a donde. A un lugar indefinido del horizonte. Siempre lejano.

Y nosotros. Sin cajas que estorbasen en el pasillo. Pero también sin nada. Sin alma. Y también, sin corazón. Sin problema y sin solución.

Y después vendrán aquellos, los de detrás, lo que ahora son pequeños. Y también les gustará bucear.Y recorrerán las profundidades marinas y en ellas encontrarán lo nuestro.
Encontrarán un montón de cajas sin abrir.Y se sorprenderán. Y se preguntarán. Y no sabrán responderse.
Y no sabrán porque algunos extraños personajes de alguna generación anterior tiraron todo aquello al mar.
Y lo tasarán. Y lo subastarán. Y solo el que tenga más poder lo conseguirá.
Y abrirá cada caja con esmero, con ilusión.
Dedicará el mayor y mejor tiempo del día a hacerlo. Los mejores días del año. Y seguramente serán los mejores años de su vida.
Y morirá tiempo después sin haber podido responder en que pensarían aquellos que tiraron su propio tesoro al mar.

Y esos ellos somos nosotros. Tú, yo. Nadie más.
Que tiramos nuestro tesoro al mar, que no supimos apreciar lo nuestro, lo que juntos conseguimos.
Que nunca quisimos tener tiempo para abrir nuestras cajas.
Aquel montón de cajas que permaneció tiempo en nuestro pasillo. Cerradas.

conclusión mental nº7- "el artista"

No es más que un ser profundamente sensible habitando en un mundo esencialmente hostil.

Por eso sufre más. Pues no es capaz de rodearse de una coraza de fortaleza racional, como la que utilizan la mayoría de los humanos como mecanismo básico para la supervivencia terrenal.

Por eso es capaz de disfrutar de pequeños detalles, que para los demás pasan siempre desapercibidos. Capaz de fijarse en todas aquellas cosas sencillamente pequeñas, siempre tan presentes, y para muchos tan rutinarias y carentes de sentido o significación. Para él son la vida, y por eso afirma que el mundo está lleno de vida.

Tiene un modo de existencia diferente, peculiar. Algo egoísta e interesada. Es capaz de querer con un corazón grande que pocos poseen y de sufrir las ausencias como un terrible desgarro.

Es fiel, y sin embargo, absolutamente inestable. Como un río, dependiendo siempre de las corrientes internas, de ese mundo interior tan salvaje, tan fuerte y tan incontrolable. Como ese río que permanece kilómetros sobre la superficie para después ocultarse bajo tierra durante espacios y tiempos indeterminados, y después volver a reaparecer.

Es intranquilo, nervioso y a la vez profundamente pacifista y soñador. Le gusta el amor, los buenos momentos y lo sano. Pero la mayor parte de su existencia es dura y desgarradora, es algo artificial y menos sana de lo que le gustaría esencialmente. Es idealista en cuanto a sueños lejanos y realista en lo cotidiano. Siempre con ese punto inestable de locura, con esa imprevisibilidad, con ese genio oculto tras una apariencia aparentemente normal.

Todo lo ve diferente, complejo o sencillo, pero siempre en una dimensión nueva, menos vulgar. Sublime y altivo en cuanto a razonamientos, siempre en busca de la puñetera verdad. Siempre intranquilo, siempre aprendiendo, siempre queriendo conocer algo más.

Conoce a muchos y quiere, de verdad, a pocos. Pasea por el mundo deseando encontrar a aquellos como él, a los sencillos, a los sinceros, a los valientes que se atreven a desafiar a su propia mente. A los que se salen sin problemas ni complejos de los cánones establecidos. A aquellos que tienen ganas de volar, de descubrir, de vivir, de disfrutar de verdad, de saber y de pelear.

Es artista, y solo los pocos que sean como él lo comprenderán.