Te odié

Cuando me di cuenta realmente, te odié. Te odié profundamente. Odié tu fría personalidad y todo tu inexistente ambiente. Tu mundanal miseria trazada alrededor de tu ego. Odié también tus sonrisas, tus palabras bonitas y el que me gustase tanto quererte.
Odié todo por lo que pasé y también lo que quedó sin hacer. Tus miradas tranquilas, tu pesimismo innato. Todo eso que cargaste sobre mi mochila, que cada día hacía más costosa la marcha.
Odié esa pasividad. El control de la situación. Tu manera de ampliar tu libertad mientras la mía se iba recortando por momentos. Odie tu forma de mirarte, de enfocar la vida siempre a tu favor. De que cada uno de tus actos tuviesen comienzo y final en ti mismo.
Odié tu manera de despreciar todo lo diferente. Tu manera de aniquilar ideales más nobles que los tuyos. Tu manera de aprovechar el dominio para arrasar con todo lo que no te interesaba escuchar.
Odié todo y sin embargo me pareció imposible de olvidar. Imposible arrancar cada recuerdo y cada conversación de ese maldito lugar de la memoria donde se habían grabado a fuego, de ese maldito lugar del corazón en donde habían llegado ya muy hondo.

Y hoy ya no odio nada de tu persona, nada de aquello que pudo ser y no fue. Agradezco que no fuera. Que no existiera nada más, pues lo que pasó fue suficiente para marcar a un corazón.

Bah! Ahora que lo pienso tampoco fue odio. Quizás sea una palabra demasiado fuerte, quizás el odio fue de una etapa anterior ya olvidada. Quizás fue solo una visión algo más real. Un cansancio en un incansable. Una caída por peso propio. Un suspiro entre tanta lágrima.
Pero no te engañes, no vale tanto todo esto. No hubo cansancio, ni caída, ni suspiro. Y por supuesto, ninguna lágrima.
Solo un par de papeles rotos y otro par de documentos sin entregar. Y una conversación de chat que lo dice todo. Y el otro que habla claro, y que afirma que él está. Está de verdad.

Y después, el maldito silencio. Algo sobrio, algo vulgar. Y por hoy, nada más.

No hay odio. Ni rencor. Simplemente no se puede. Tiramos demasiado fuerte en sentidos contrarios y la cuerda se rompió.

No te desprecio. Simplemente, no puedo. No debo. Y no lo entiendes. Y tampoco pretendo que lo hagas. Y no comprendes lo que te digo y perdóname si es que, de verdad, no me explico.
No me quedan más palabras. Ni tampoco más silencios.
Solo quiero vivir un tiempo. Algo que merezca la pena. Algo un poco más atento y más sincero. Algo más contenta.
Y lo siento, de verdad lo siento.
Ahora que volvemos a tenernos y decididamente te pierdo.
Y no lo entiendes. Y te aseguro que por mi parte ha habido un gran esfuerzo. Y que solo antes de morir, te dejo.
Tu mundo está muy lejos. Y no puedo. No llego. Tampoco quiero.

Me ha desecho el camino, el caminar. Y aún no he llegado a tu puerto. Imagina si llegase. Imagina si te alcanzo.

Perdóname si no puedo. Quizás algún día lo entiendas, quizás cuando tengas menos ego.
Que no es orgullo ni apatía, que tampoco se trata de floja cobardía.
Lo que pasa es que soy de esos, de los que no somos de hierro y no podemos cruzar esa línea que trasforma nuestra vida en un infierno.

Y además él me quiere de verdad. Y me dice que no siga, que me mire, que ya no puedo más. Que si sigo por ahí me pierdo. Y, lo siento, pero él me quiere mucho más.

Hasta siempre compañero. Hasta siempre viejo amigo.

Da igual

De cada una de tus palabras haré un texto.

Iré despedazando las letras, exprimiéndolas para que queden reducidas a polvo, desechas. Para obtener de cada una de ellas su esencia, su interior más puro. Su verdadera naturaleza.
Y así conseguiré encontrar el hilo conductor que me llevará directamente al centro del ovillo.
Y así conseguir deshacer toda esa maraña de pensamientos, sentimientos e ideas que decidiste mezclar en ese párrafo final.

Y después te lo mostraré. Y no sabrás muy bien por qué pero te gustará. Y será porque tu subconsciente lo reconocerá como propio. Y te identificarás. Y te sentirás reflejado, como si de un espejo se tratase.

Y eso será porque este texto procede de cada una de tus palabras escritas en ese último párrafo.

Y después lo conseguiré.

Conseguiré que no seas para mi más que un montón de textos inacabados. Textos con verdades reveladoras.
Frases escritas específicamente para cada uno de los momentos. Para todo tipo de acompañantes. Para tu inspiración y mi necesidad de hacerlo.

Y entonces me importará muy poco cuantos lean. Cuantos digan lo bien que hacemos esto, y que es mejor cuando va lento. Cuando es con tiempo. Y cuando va acompañado de dolor y sufrimiento.

¡Qué dulce contradicción! Que los mejores textos sean aquellos que están escritos desde el más profundo dolor. Que las mejores partes escritas por mi son las que no comprendo ni yo.

Un montón de ideas en la mente que aún no sabemos si conseguiremos expresar, comunicar, decir o adivinar.

No hay quien entienda lo que dice. No hay quien sepa a que se refiere. Solo indagando en lo más profundo, solo escalando a lo más alto conseguiremos encontrar un atisbo de realidad en sus palabras. De una realidad que nunca habíamos conocido, que ni siquiera nos habíamos planteado pero que cuando comprendemos y analizamos nos resulta siempre vulgarmente familiar.

Es cuando lo comprendes de verdad, cuando analizas lo de detrás. Lo del fondo. Lo oculto. Es entonces cuando te das cuenta de esa realidad. E intentas comunicársela a los demás.
Lo intentas una vez. Y otra vez más.
Pero no consigues lo que quieres, no lo entiendes. Ellos no lo ven. No lo comprenden.
Pero tranquilo, yo te entiendo. Sé lo que dices. Es difícil comprenderte pero es que yo he visto mucho más. Y sé lo que sientes.

Pero no importa ya. Tú escribe. Todo lo demás da igual.

conclusión mental nº 26- "aprendizaje"

¡Hola a todos!
Ayer estuve de cumpleaños y recibí muchísimo.En esta ocasión "especial" quiero compartir con vosotros una de las más importantes lecciones que he aprendido durante este año. Espero que os guste.
¡Un abrazo a cada uno!
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Siempre las mismas piedras en el camino. Y yo, el caminante, buscando la verdad sin desesperación. Como el burro que daba vueltas alrededor de la misma noria pero un día se soltó y nunca volvió. Como el jinete del caballo que enloquece. Como una mente persiguiendo a su corazón.

Las piedras siempre colocadas en el lugar preciso para el tropezón. Y yo, caminante, buscando sin dirección. Y el burro lejos de la noria. Y el jinete cae del caballo que enloqueció. Y la mente acelera la carrera intentando alcanzar al corazón.

Y el camino se vuelve arduo, también para esas piedras que pasan el día al sol. Y la verdad se resiste a que la encuentre yo. Y la noria busca al burro que un día le ayudó. Y el caballo ya non sabe a quien obedeció. El corazón mira hacia atrás y corre sin control.

Las piedras se redondean con la lluvia, adoptando la imagen de una suave erosión. Y yo, caminante, voy tranquila caminando, sabiendo que llegaré aunque no sea hoy. Y el burro relentece su ritmo porque ya se encuentra fuera de peligro. Y el caballo se pregunta el porqué de tanta locura y si merece la pena tanta amargura. Y el corazón mira de nuevo y decelera, para poder ser alcanzado por su mente.

...

Y con el tiempo...

Las piedras erosionadas nos enseñan la naturaleza del camino y su evolución.
Yo, caminante, llego a la meta de esta etapa. Y celebro que encontré el camino y supe la dirección.
El burro disfruta de su libertad lejos de su prisión.
El caballo aprende de sus locuras. Y el jinete comprende un poco más a su animal.
Y, por fin, se juntan mente y corazón. Porque la mente ha sido más rápida. Porque el corazón le esperó.

El Final

Déjame que te lo explique sin entenderlo. Y que lo entienda y no te lo explique.
Déjame a mi sola enredarme y desenredarme. Quererte, desquererte y después odiarte.
Déjame amarte y después sufrirte.

Déjame alejarme. Alejarme sin explicarte. Sin decirte la razón. Sin que me veas. Cuando menos te lo esperas, cuando cambies, cuando los demás no miren. Déjame hacerlo así.
Que cuando quieras darte cuenta ya esté lejos. Que tú mires y solo sea un punto negro en el horizonte. Y que grites pero yo ya no te oiga.
Que ahora lo ves, y después desaparece para siempre.
Déjame hacerlo de esta manera. Algo sutil.
Déjame hacer de forma cobarde mi acto más valiente.
Déjame marcharme de tu vida para empezar a vivir mejor la mía.

Y no encontrarás explicación en la noche. Ni tampoco por la mañana. Ni la mañana de mañana. Ni ahora. Ni siempre. No busques. Pues no encontrarás nada.Y no te preocupes pues no pasará nada.

Seguiremos como siempre. Y los demás no notarán nada. Ni los tuyos ni los míos verán la diferencia de nuestra distancia. Pero notarán el cambio en nuestras miradas.
Tú no dirás nada. Y yo caminaré callada.

Y seguiremos. Yo caminaré y tú permanecerás ahí sentado.
Pero poco importan los detalles a los que, en los momentos de dolor, nos agarramos. Poco importa lo que dijimos, a lo que nunca nos atrevimos y lo que callamos.
No tengo prisa, pues sé que ya nunca alcanzarás mis pasos.

Añorarás mis visitas, mis palabras, mis comentarios y mis ánimos. Añorarás abrir conmigo esas cajas de pensamientos tan extraños, tan profundos y tan humanos.
Y yo tendré morriña del vacío que llenaba tu presencia. De la luz de tu mirada y tu sonrisa algo traviesa.
Y de nada más. Pues entonces ya no quedará nada.

Y tú conseguirás que en esas importantes neuronas encargadas del recuerdo de mi persona no entre ni un soplo de olvido y que tampoco pierdan brillo. Conseguirás que ese brillo ahí guardado ilumine tu mirada cuando me recuerdes.
Y yo conseguiré seguir queriéndote como eres, sin idealizar y sin subestimar.

Y a pesar de todo esto sé que no vendrás detrás. No correrás cuando esté lejos.
Te limitarás a afirmar que lo hecho, hecho está. Y qué pasó y ya está.
Y en medio de todo mencionarás algo referido a mi libertad.
Seguirás parado mientras yo camino.
Y por eso nunca me podrás reprochar que me haya ido, porque cuando lo he hecho no has venido detrás ni conmigo.

Cajas cerradas

Un montón de cajas sin abrir. Un montón. A lo largo y ancho de todo el pasillo.
Una mudanza. Una esperanza. Y como despedida, un par de besos. Aunque para otros, ni eso.
De todo esto no salvaría ni un hueso.
Y tú no darías ni una idea absurda. Ni una locura indecente. Ni un pensamiento sincero.

¡Qué ignorantes! ¡Qué cobardes! Y en conjunto, ¡qué desagradable!
Y, ¡qué monótono! Siempre la misma historia.
Siempre la misma burra que gira alrededor de la misma noria.

Y me preguntas, ¿de qué hablo? Pero vamos … si ya lo sabes.
No te hagas el tonto. Ni el loco. Ni el pato. Y menos, el moro.

Y te sonrío, como si no supiese hacer otra cosa.
Y te lo digo. Y te pregunto. Insisto. Porque me encanta oírte hablar de mi. Porque me gusta mi nombre en tu boca. Tus halagos siempre amables.
Y la incoherencia en cada fonema que pronuncias.
Y todo con ese acento tan característico.

Y mientras ellos miran desde lejos. Y se entretienen. Se entretienen con todo aquello. Tan absurdo, tan patético. Y como siempre, intenta desviar la atención de lo importante. Señalando a lo lejos, desviando las miradas hacia un punto indefinible del horizonte.

Pero tú y yo sabemos que las cajas siguen sin abrir. Siguen en el pasillo. Cerradas. Y son un montón.

Dejamos pasar el tiempo. Y dejamos que también se cuele entre nosotros un buen trozo de espacio. Y si quieres, de silencio.

Y después de todo ese tiempo, todo ese espacio y todo el silencio hemos cambiado.
Lo noto. Y con sinceridad, lo siento.
Tu pelo crecido. Y mi cabeza, sin pelo. Pero tú aún no estás preparado para saberlo.
Tu éxito vacío. Y el mío, discreto.
Tu silencio que miente. Y el mío, aún menos sincero.

Y las cajas siguen sin abrir. En el pasillo. Son un montón. Y están cerradas.

Y ellos siguen desviando la atención de tantos otros. Todo miran donde señala el dedo, sin saber muy bien por qué. Sin saber muy bien a dónde. Un lugar indefinido. Y muy lejos.

Y tú y yo por fin nos hemos parado en el pasillo. Delante del montón de cajas que siguen sin abrir. De las cajas cerradas.

Prefiero tirarlas al mar antes de abrirlas una a una. Y además, nos queda el mar tan cerquita.
Prefiero deshacerme de la primera, de la segunda … así hasta la última.
No pienso abrirlas yo sola. Y tú no estás dispuesto a hacerlo.

Nuestras cajas. Nuestras cosas. Nunca sabrás que había dentro. Y yo, tampoco.
Y decidimos que es lo mejor.
Algo serios. Algo agobiados.
Fingiendo ser maduros. Fingiendo saber lo que hacemos.
Y vamos. Y las tiramos.
Una a una las cajas van cayendo al mar. Todas. Cada una. Cerradas.
Y en nuestra mente, algo de culpabilidad que confundimos con responsabilidad.

Y el mar las acepta sin dudarlo. Y las va tragando una a una. Y a su fondo van a parar nuestras cosas. Todas las que llenaban nuestro pasillo. Todo lo que acumulamos en aquella mudanza. Todo lo que empaquetamos corriendo pero luego no fuimos capaces de volver a abrir, de ordenar, de colocar, de redistribuir.

Y una vez terminado el trabajo nos fuimos. Cada uno a lo suyo.

Y allí seguían ellos. Mirando sin saber a donde. A un lugar indefinido del horizonte. Siempre lejano.

Y nosotros. Sin cajas que estorbasen en el pasillo. Pero también sin nada. Sin alma. Y también, sin corazón. Sin problema y sin solución.

Y después vendrán aquellos, los de detrás, lo que ahora son pequeños. Y también les gustará bucear.Y recorrerán las profundidades marinas y en ellas encontrarán lo nuestro.
Encontrarán un montón de cajas sin abrir.Y se sorprenderán. Y se preguntarán. Y no sabrán responderse.
Y no sabrán porque algunos extraños personajes de alguna generación anterior tiraron todo aquello al mar.
Y lo tasarán. Y lo subastarán. Y solo el que tenga más poder lo conseguirá.
Y abrirá cada caja con esmero, con ilusión.
Dedicará el mayor y mejor tiempo del día a hacerlo. Los mejores días del año. Y seguramente serán los mejores años de su vida.
Y morirá tiempo después sin haber podido responder en que pensarían aquellos que tiraron su propio tesoro al mar.

Y esos ellos somos nosotros. Tú, yo. Nadie más.
Que tiramos nuestro tesoro al mar, que no supimos apreciar lo nuestro, lo que juntos conseguimos.
Que nunca quisimos tener tiempo para abrir nuestras cajas.
Aquel montón de cajas que permaneció tiempo en nuestro pasillo. Cerradas.

conclusión mental nº7- "el artista"

No es más que un ser profundamente sensible habitando en un mundo esencialmente hostil.

Por eso sufre más. Pues no es capaz de rodearse de una coraza de fortaleza racional, como la que utilizan la mayoría de los humanos como mecanismo básico para la supervivencia terrenal.

Por eso es capaz de disfrutar de pequeños detalles, que para los demás pasan siempre desapercibidos. Capaz de fijarse en todas aquellas cosas sencillamente pequeñas, siempre tan presentes, y para muchos tan rutinarias y carentes de sentido o significación. Para él son la vida, y por eso afirma que el mundo está lleno de vida.

Tiene un modo de existencia diferente, peculiar. Algo egoísta e interesada. Es capaz de querer con un corazón grande que pocos poseen y de sufrir las ausencias como un terrible desgarro.

Es fiel, y sin embargo, absolutamente inestable. Como un río, dependiendo siempre de las corrientes internas, de ese mundo interior tan salvaje, tan fuerte y tan incontrolable. Como ese río que permanece kilómetros sobre la superficie para después ocultarse bajo tierra durante espacios y tiempos indeterminados, y después volver a reaparecer.

Es intranquilo, nervioso y a la vez profundamente pacifista y soñador. Le gusta el amor, los buenos momentos y lo sano. Pero la mayor parte de su existencia es dura y desgarradora, es algo artificial y menos sana de lo que le gustaría esencialmente. Es idealista en cuanto a sueños lejanos y realista en lo cotidiano. Siempre con ese punto inestable de locura, con esa imprevisibilidad, con ese genio oculto tras una apariencia aparentemente normal.

Todo lo ve diferente, complejo o sencillo, pero siempre en una dimensión nueva, menos vulgar. Sublime y altivo en cuanto a razonamientos, siempre en busca de la puñetera verdad. Siempre intranquilo, siempre aprendiendo, siempre queriendo conocer algo más.

Conoce a muchos y quiere, de verdad, a pocos. Pasea por el mundo deseando encontrar a aquellos como él, a los sencillos, a los sinceros, a los valientes que se atreven a desafiar a su propia mente. A los que se salen sin problemas ni complejos de los cánones establecidos. A aquellos que tienen ganas de volar, de descubrir, de vivir, de disfrutar de verdad, de saber y de pelear.

Es artista, y solo los pocos que sean como él lo comprenderán.

nuestra dimensión

Sencillamente, no lo es. No es el ser humano alguien o algo sencillo, humilde, sincero y coherente. No lo es. Por ello no puedo prometer no volver a actuar como si lo fuera, pues precisamente porque no lo soy no puedo evitar no fingirlo.

No entiendo porque me equivoco o en que lo hago y por eso me parece que no me estoy equivocando. Qué error más básico y a la vez de los más enmascarados y complejos, de los más vulgares y soberbios. Siempre presente. Siempre callado.

No entiendo el mundo. No sé explicarlo y tampoco comprenderlo. Y por ello no pienso que pueda ser simple. Al revés, únicamente puedo definirlo como algo muy complejo y completamente enredado de relaciones subyacentes entre todos sus componentes, la mayoría de ellas aún no estudiadas por nuestra especie. Y quizás sea más simple, más sencillo. Y mis neuronas y la comunicación entre ellas lo vacío, lo corto, lo poco inteligente.

Y creer que soy más por el simple hecho de ser diferente. De ser otra cosa. De ser de la misma materia y diferente forma. Y no es más que el ego que rodea mi mente. Rodea cada neurona, impregnándose en cada pensamiento, dejándome sin capacidad para comprender que es todo mucho más sincero que esa red de mentiras creada de forma tan artificial. Que no soy más que una parte que lucha, como los demás, por su supervivencia y reproducción, sujeto a las mismas leyes, a las mismas verdades, a los mismos límites y a las mimas razones de existencia. Eso suponiendo que existan verdades, límites y razones. Suponiendo que existimos cuando somos. Y que somos porque existimos.

Y quiero soñar despierto una vez más. Quiero no ser comprendido y no entender nada. Y que no te guste, y que no me importe. Porque sé que lo que hago no importa pero no sé ni siquiera que estoy haciendo. Y no me importa hacerlo bien o mal si lo hago, si lo quiero ahora. Es para mí una manera más de huir de una falsa realidad para bucear de lleno en la verdadera, aquella que no entiende de razones y tampoco de sentimientos. Aquella en la que la materia y la forma se fusionan, así como lo hacen el bien y el mal, la mente y los sentimientos o la razón y lo irracional. Dejando finalmente un enorme vacío en ese lugar de la mente, hasta entonces ocupado por lo lógico, para llenar por completo de sentido una existencia fugaz y poco importante.

Te pido a gritos tus palabras. Solo eso. No quiero más. Ya he liberado mi mente dejando un hueco solo para lo necesario, para el alimento que le ayude a sobrevivir. Y para ello, para la supervivencia intelectual, solo necesito tus palabras. Palabras sinceras, me da igual si sencillas o complejas, aunque cuanto más complejas sean mayor será el éxito, pues lograrás sacarme palabras de lugares tan recónditos que ni tú ni yo imaginamos su existencia. Y después, descansar tranquila tras unas reflexiones que alaguen y reflejen la punta del enorme iceberg que ha supuesto en tu vida una entrada pequeña y rápidamente escrita. Para después descansar sin poder hacerlo. Y que en medio de la noche te despiertes aturdido y escribas lo que impide que concilies el sueño, escupiéndolo en una hoja del Word mientras fumas un cigarro de esa cajetilla roja. Para después volver a dormirte y despertarte mañana con la dulce sensación y la intriga absurda de querer releer esas palabras y retocarlas, para mostrármelas. Y que pueda de nuevo volver a inspirarte durante la noche oscura o en un día soleado, a muchos kilómetros de distancia. Y como siempre, viviendo vidas muy paralelas en las que nadie puede imaginarse la dimensión que dan a la noche y al día unos cuantos párrafos que llevan siempre la misma firma.
Volveremos a lo absurdo y solo así lograremos sobrevivir. Si quieres que no muera mi parte de artista no puedes dejar de escribir, no puedes dejar de estimularme y responderé, y mis respuestas serán para ti estimulaciones. Y así lograremos entrar en un ciclo vital, de esos que tanto abundan en este planeta, y de los que se desconoce cuál fue el factor que los desencadenó. Quizás el huevo, tal vez la gallina.

Para los momento absurdos, para la falta de tiempo, para la pérdida inútil y las ganas de huida. Para los que no comprenden lo que es renovarse, para los que mueren sin haber vivido. Para los que encuentran de pronto una nueva dimensión que no puede ser descrita, tampoco explicada, únicamente vivida y que solo comprende aquella persona que comparte contigo ese círculo vicioso. Y nada más. Repito, comparte el círculo vicioso, ese maldito ciclo vital y nada más. Y quizás sea esa la razón del dolor, del sufrimiento o de la incomprensión, el querer introducir dentro de un ciclo cerrado elementos que no forman parte de él y que destrozan el equilibrio dinámico hasta entonces existente.

Dejemos que se forme de nuevo el ciclo. Esta vez con la lección aprendida. Sin querer alterarlo, sin confundirse ni engañarse sobre lo que es y lo que no es. Lo he aprendido. He necesitado pasar por un desequilibrio profundo, por tiempo de ceguera, por un largo camino de dolor agudo, un dolor que solo comprenden aquellos cuya sensibilidad es demasiada para pasar la existencia en un mundo tan brusco. He necesitado todo eso para aprenderlo.

Dejemos a la vida actuar de nuevo, a esas fuerzas desconocidas. Una vez más me buscarás y yo te buscaré. Nos encontraremos y tú dudarás. Tendrás miedo de que mis palabras no se correspondan con mis hechos, miedo a volver hacia atrás. Y yo lo entenderé. Pero no pasará. Y eso, en parte, te sorprenderá y en otra parte te alegrará. Pero esta vez ya no lo haré para sorprenderte ni para alegrarte, si no porque quiero ser yo y dejarte ser tú.

Y entonces volveremos a formar parte de ese ciclo incomprensible e insensible que nos une inevitablemente. Y entonces todas tus palabras actuarán en mi como fuente de inspiración y con las mías ocurrirá lo mismo en tu mente.

Y conseguiremos volver a vivir en esa dimensión que habíamos perdido.

déjame contarte

Déjame contarte la verdad sobre esta serie de mentiras. Lo racional de estos pensamientos irracionales. Lo coherente del conjunto de actos en los que el denominador común es la incoherencia absoluta y profundamente arraigada en las mentes humanas.

Déjame contarte que es verdad esta mañana, pero que ayer fue falso, y quién sabe mañana. Mañana quizás…

Déjame contarte como se ve desde aquí ese mismo sol, la misma luna, como se ve ese cielo azul que hoy ha decidido teñirse de un tono algo grisáceo. Déjame contarte el viaje que he hecho sin dar un paso, lo que ha cambiado, lo mejorado, lo empeorado, la forma de verlo, las diferencias y semejanzas. Prometo dejarte asombrado. Y a la vez, lo de siempre. La misma historia humana.

Déjame contarte que no puedo dejar de pensarlo. Que no puedo dejar de extrañarte en lo abstracto pero no encuentro un sitio para ti en la vida real. Ya sabes. No vales. No valgo. Quizás sea que solo podemos ser diferentes, que vivimos en otra dimensión; algo irreal, algo cierta. Quizás sea lo más verosímil de todo, lo más absurdo e incoherente. Lo más real, lo más profundo. Lo más peligrosamente abismal.

Déjame contarte que nadie comprende mis palabras excepto tú. Que buscando en el desierto no encontré a nadie que me inspire como tú. Con esa manera de dar la vuelta a las historias, a los razonamientos, a los hechos e incluso a los momentos compartidos y vacios. Siempre tan vulgar y a la vez tan sublime. Siempre igual pero no me cansa tu dinamismo.

Déjame contarte lo que me enseñaste tú.

Déjame contarte que hoy vivo con total intensidad. Muy lejos de tu persona pero necesitada de tus palabras para sobrevivir.

Buena Suerte

Un café solo. Un Marlboro. Bébetelo despacio que quema. Y fuma hasta terminarlo. Siempre hasta el final. Hasta la última calada, cuando ya no quede nada, lo tiras. Fúmate las letras también. El café sin azúcar. ¿Un par de hielos? No, gracias. Prefiero dejar las cosas como son, disfrutarlas como están. Café y cigarro. No más.

El cigarro se consume, el café se termina.

Y yo, ya entiendo. Ya lo pillo. Lo comprendo. Y quiero que lo sepas, que lo disfrutes, que te alegres. Por fin lo he conseguido. Por fin comprendo lo que dices. Lo que dijiste. Porque lo has hecho cuando lo hiciste.

Tantos hechos que no comprendía, y al final el tiempo dio la razón a quien la tenía. Y qué bien razonado. Y qué bien comprenderlo. Y qué bien colocarlo, cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Y lo que estorbe y no valga, se tira. Y lo que se tire, por favor, con cuidado que se recicla.

Siempre igual pero nunca lo mismo. Diferente. Común. Vulgar y a veces, incluso, absurdo. Y qué bien. Y ¿qué más da? Si hoy soy libre, esta vez de verdad.

He subido a tientas. Sin ver. Me fie de tus palabras, sabía que no mentías. Comprendí que no lo harías, que detrás de tus silencios y palabras se escondía la verdad. Caminé a oscuras durante toda la noche, ahora ha amanecido de nuevo.

Hoy he llegado a la cima, hasta arriba, a lo alto. Hasta donde no es posible subir más. Y una vez allí lo he visto todo. Mejor, diferente, desde otra perspectiva. Mucho más amplia, más sincera y sencilla, más clara, más limpia. Y más bella.

Y te lo cuento, para que lo sepas, para que te alegres. Para que disfrutes conmigo, para que puedas también conocerlo. Para agradecerte haberme guiado por el buen camino. Por no haberte aprovechado de quien no veía lo obvio, de quien negaba lo evidente, de quien quiso hacer del huevo una gallina y de la gallina, huevo. Para quien afirmaba rotundamente de la existencia primera de la gallina, ¿y si fue el huevo? No lo sabes y yo tampoco. No lo sé, y hoy lo reconozco.

Ha pasado poco tiempo. Pero he hecho un viaje muy largo, casi eterno. La ida fue larga. Y después, he vuelto. Siempre más sencillo volver, más corta la vuelta por un camino ya conocido. Aunque aún no familiar.

Nadie más lo entiende. Antes me importaba un poco más, ahora nada. Nada de nada. Yo lo comprendo y me llega. Yo lo entiendo y me basta. Tú me lo has explicado. Lo comprendo. Y me da igual si me toman por loca, si creen que me contradigo, si no entienden lo que hablo o como actúo. Ya lo sabes; todo y nada es lo mismo. Yo siemNegritapre tan radical. Y tú siempre tan ambiguo. Incoherencia y contradicción. Solo así conseguiremos ser auténticos.

El cigarro se consume. El café se terminó. El vaso vacío sobre la mesa y la colilla apagada en el suelo. Toca vivir otro rato, después ya habrá más tiempo para comentarlo, para volver a escribir, para contarlo. Para saber contarlo hay que saber vivirlo primero.

Te dejo, nos veremos en el próximo café y cigarro. La próxima invito yo.

Buena suerte.

me gusta

Me gusta ESCRIBIR. Hoy escribo sobre lo que me gusta.

Beberme un vaso de AGUA FRIA. Siempre.

Me gusta que me MIREN a los OJOS. Y mirar yo también.

Las RISAS. Siempre. Da igual donde.

Los PLANES no PLANEADOS.

Tener UN MOTIVO para escribir. Y escribir SIN MOTIVO.

Nuestra CANCIÓN. También aquella DESCONOCIDA.

Lo MICRO. También lo MACRO. Y lo de tamaño NORMAL.

Existir. Ser. Estar. Y saberlo.

Anuncios originales.

Conocer a un ARTISTA en la VIDA REAL. Desconocerlo en su PAPEL.

Tirarme en la PLAZA DEL OBRADOIRO y tener la mítica sensación de que la CATEDRAL se te cae encima.

LEER.LEER.LEER. Leer a mi gente. A mis amigos. A los desconocidos.

CONOCER a ese viejo conocido que DESCONOZCO.

Un CAFÉ recién levantadaNegrita. Otro a media mañana. TambiénNegrita después de comer. Y no tomar MÁS DE TRES cafés al día.Negrita

Infinito. Todo. Siempre. Sí. Nunca negar nada.

La lengua gallega. LOS GALLEGOS. Galicia. Y también Paris, el hindú y los AFRICANOS.

Los niños. Pequeños. Y no tan pequeños: adolescentes, JÓVENES, maduros, viejos. PERSONAS.

La gente ZURDA. Porque son diferentes y minoría. Y porque SIEMPRE me caen bien.

Lo que SE MANTIENE en el tiempo. Y también lo que CAMBIA. Lo de siempre. Lo nuevo.

SorprenderME. Y sorprendER.

ConocerLE un poco más. Y conocerME.

ESCRIBIR sin tiempo. Y tener tiempo para ESCRIBIR.

HABLAR con desconocidos. Que ME CUENTEN algo que merezca la pena CONTAR. O no.

Ser MAKTUB y que muchos no sepan QUIEN soy ni COMO soy. Y para mi ser yo. Y que tú seas Teka, Zeta, Gargamelle, Toro, Kraichek , Militos … y los demás.

Votar LIBREMENTE. Y poder ELEGIR no votar.

El número 5. Ni MÁS. Ni MENOS.

Escribir sin pensar. Y que lo leas. Y te guste.

Que TÚ SEPAS de qué estoy hablando. Y que ÉL se SIENTA identificado.

RELAJARME cuando todos se ESTRESAN.

SOLUCIONAR aquello. CERRAR frentes abiertos para LUEGO ENCONTRARME nuevos
frentes.

Los cruasanes . Y que cada uno los llame de una manera distinta. Y que algún listillos diga: en francés se dice… Estamos en ESPAÑA.

Terminar. Empezar algo NUEVO. Hacerlo DESPACIO, BIEN hecho. Escribir. Y estar una temporada sin hacerlo.

MIRAR hacia atrás. Y con el tiempo ENTENDERLO. VER que TODAS las piezas encajan, que estaban AHÍ, ESPERANDO que alguien las uniera.

ENCONTRARME de repente con alguien. Pero no valen todos.

InspirarME leyéndoTE.

Encontrar LA RESPUESTA a esa pregunta.

Las CASUALIDADES del destino. Y las IRONIAS de la vida.

Desearte BUENA SUERTE. Y que la tengas.

Recordar un recuerdo OLVIDADO.

Jugar. Y ganar. Y hacer TRAMPAS.

Ser friki de algo. Y que los demás NO LO ENTIENDAN. Que SOLO LO ENTENDAMOS algunos.
Diferentes.

El AUTOconocimiento. No caer en la AUTOcomplacencia. La AUTOestima alta.

La vida. Ser bióloga.

Terminar UN libro. Que me GUSTE. VOLVERLO a leer y disfrutar EL DOBLE.

VOLVER a casa.

VIVIR. Y PODER CONTARLO.