lápices de colores


Aquel día decidiste comprar lápices de colores. Mientras pagabas tu caja de cartón Carioca revisabas mentalmente los sitios posibles donde podrías encontrar algún sacapuntas de la infancia.

Llegaste a casa. Al ponerte a estudiar por primera vez tras la compra, la rutina era distinta de la habitual, había algo de emoción en ella. No tenías ganas de estudiar, como siempre, pero los lápices rompían la monotonía y el descolorido de tus apuntes. Decidiste animar las hojas para memorizar mejor aquellos complejos conceptos.
Los días fueron pasando, comenzaste a dar uso al viejo sacapuntas. Primero con el amarillo, rojo, azul, verde … También llegó el turno del marrón. Azul marino. Para todos llegó el momento de renovar la punta.
Con el tiempo el tamaño de los lápices se fue reduciendo, hasta llegar a una longitud de no más de seis centímetros. Entonces ya habías olvidado aquel día en el que te paraste en la papelería, el precio de los lápices. Ya te habías examinado de aquel duro examen cuyos apuntes coloreaste tan bien.
Fue en este momento, otra aburrida tarde de estudio, decidiste que lo más productivo en aquel momento era hacer una limpieza de tu estuche. Entonces, de una manera rutinaria cogiste los lápices y sin más vacilaciones los metiste en ese bote, el que tienes encima de tu mesa. En cuyo fondo están los lápices de colores de pequeño tamaño, unos cuantos clips, alguna goma de borrar vieja. Ahí se quedaron durante años los lápices de colores.


Seguramente te has imaginado el bote de encima de tu mesa. Muy posiblemente has encontrado en él, los lápices, la goma, los clips.
Y es que, ¿alguien puede explicarme por qué nuca tiramos los lápices si no vamos a volver a usarlos?

todo sobre nada y algo sobre ti


-El martes volví al VIPS de Alberto Aguilera. La calle donde estudian nuestros hermanos.

"Zona de fumadores, por favor." La misma mesa.

Cuando me di cuenta de que enfrente no tenía a un chico rubio de ojos claros pidiendo un batido de arándanos, me levanté y me fui.

Pues yo ya no tenía nada que hacer ahí.

-El jueves teníamos prácticas y comimos en la facultad. Salimos a la terraza a beber una birra antes de entrar en clase. Cuando llegué a aquella mesa libre te vi en la de al lado.

Estabas demasiado cerca como para irme.

Hola.

Hola.

Estabas demasiado lejos como para hablar.

Te eché de menos. Y eso que estabas ahí al lado.

Hablé de todo, pero solo pensaba en ti.

-No suelo leer los clásicos de la literatura. Pero el otro día comencé "Viaje al centro de la tierra", de Julio Verne. El protagonista es geólogo.

¿Lo sabías? Yo no. El libro me gusta.

-El otro día quedé con una amiga. Estuvo un buen rato hablándome de las ventajas e inconvenientes de vivir en el Escorial.

-Ayer desayuné madalenas.

Una vez más; me encantas*.


(*Encantar:

1.Someter a poderes mágicos.

2. Atraer o ganar la voluntad de alguien por dones sobrenaturales, como la hermosura, la gracia, la simpatía o el tealento.

3. Gustar en gran medida. Agradar mucho.)


Pero a veces todo se confunde. Uno quiere decir PAZ y sale GUERRA.

conversaciones incompletas




















D-¡me encanta BH!!!
P- ¿hasta que punto?
D-¿qué puntos hay?

D-Bombón, ¿cómo estas?
P-no soy un bombón.
D-si que eres un bombón.
P-no.
D-entonces, ¿qué eres?
P-algo más amorfo...una palomita...

D-ella ya lo sabe.
P- ¿se lo digiste tú?
D-no, me lo dijo ella a mi.

T-¿quién es w?
D-¿w?
T-no...zeta...

M-¿qué hora es?
P-¿cuándo?¿ahora mismo?


A-quién te ha enseñado a liar¿?
B-a mi, Plaza...creo...o por lo menos he aprendido a liarlo bien mirándolo
A-quien es plaza¿?
B-un amigo.
A-fuma de liar¿
B-no.


-¿Sabes lo que pasa? que nos encanta encantar.

nunca pasa nada.


Un número impar de bocetos que nunca llegarán a ver la luz.
Ellos no lo saben. Y es mejor así.

Momentos tristes que tienen como fundamento una visión algo más desalentadora de las dificultades diarias.
Parece imposible continuar con tantas historias sin final rondando por la cabeza. Todas ellas desorientadas. Corren. Vuelan. Buscan su final. Pero no está. Aún no.
Parece imposible conseguir no sufrir con algunas palabras clavadas en la zona más sensible del corazón.
Parece imposible creer que haya final en un túnel donde nos encontramos desde hace tiempo. Caminando. Aún no se ve ni un atisbo de luz. Salvo el de aquella mirada que parece dispuesta a no separarse de mi lado.


Y esa mirada me lo recuerda. Lo que había olvidado. Y de pronto es cuando otra perspectiva hace su entrada en escena.


Nada como volver a encender la luz para encontrarse. Como cuando uno se despierta y no sabe muy bien donde está.
Nada como darte la mano para tener la seguridad de que no estoy sola. La seguridad de que conseguiremos juntos lo que yo sola jamás hubiese logrado.

Y después comenzamos a reírnos. Eso siempre. Nos reímos de esta situación. Y también de la anterior.
Seguimos riendo. Nos reímos de la tristeza, de la inseguridad, de las dificultades y de las pocas ganas. Y poco a poco todo esto va desapareciendo. Se van lejos.


No sé ni que escribo. También nos reímos de esto. ¿Por qué no?


Al fin seguimos vivos. Y bien. Y juntos. Entonces, tranquilos.

Nos reímos de nuestros propios errores. Y del fracaso de aquel plan tan pensado. Al final nunca sale nada como esperamos. Quizás sea esa la base de la esperanza. Y del dinamismo de los hechos.


Y al final del día nos dormimos. Y soñamos tranquilos.


Porque nunca pasa nada. ¿En serio? En serio.
Vale. Vale.

irreversible


El silencio denso invadió el espacio. El espacio ocupó el tiempo. El tiempo habló, con su paso, del significado de aquel silencio eterno. La eternidad parecía presente en aquellos momentos. Momentos callados. Callados hablábamos, discutiendo en un lenguaje sin palabras. Palabras que fueron dichas con hechos. Los hechos que no se lleva el viento. Un viento huracanado que nos dejó sin techo. El techo bajo el cual estuvimos juntos.
Juntos en el espacio y, de nuevo, en el tiempo. Tiempo que habló por los dos. Los dos que no supimos vivir separados. Una separación que no entendió nadie. Y es que nadie supo lo que pasó. Pasó y se fue muy lejos. Tan lejos que al volver nadie lo recordó.Recuerdos que quedaron gravados en mi alma y que ni el espacio ni el tiempo dejaron que los olvidase. Un olvido teórico. Una teoría falsa. La falsedad del cuerpo que engaña al alma. Un alma que abraza la esperanza de un nuevo sol. Un sol que conocimos antes de la tormenta. Una tormenta que dejó al alma destrozada.

Destrozos irreversibles. Reversos insostenibles. Sosteniendo lo inaguantable. Aguantando lo incomprensible. Comprendiendo lo imperdonable. Perdonando lo inaceptable.


Aceptando, una vez más, los hechos. Hechos que son. Hechos que están.Hechos que pasan y que ni el viento ni la tormenta se llevarán jamás.Y es que, jamás olvidaré aquella sonrisa.Sonrisa conocida de una forma diferente. Diferentes son nuestras miradas cuando se cruzan. Un cruce que dura eternamente. La eternidad del silencio presente. Un presente que enseguida desaparece.Aparecemos de nuevo. Una nueva vida es la que ahora estoy viviendo. Vivimos con intensidad los momentos. Momentos llenos de silencio. Silencio denso que no se lleva el viento. Viento huracanado que se aleja de nuevo.Un nuevo intento. Intentos que acarician la esperanza.Esperanza que reposa tranquila en otra mirada. Una mirada nueva y diferente. Difiere de lo que un día imaginamos. Imaginar sonrisas nuevas que llenan de alegría un nuevo día.
Un día donde brilla el sol de nuevo.

terriblemente elegante



Me repitió una y mil veces que no pasaba nada. NADA. Y ese nada, lleno de contenido y vacío de explicación, me llevó a verlo TODO desde una perspectiva opuesta. Como pasar de estar tirado en la hierba viendo las estrellas, a volar y descubrir la pequeñez de la tierra.

Sencillamente pequeño. Un cambio absurdo. Y a su vez, terriblemente elegante.


Podría llenar hojas enteras explicando los detalles de los acontecimientos más recientes. Parándome en lo pequeño sin dar importancia al por qué de los hechos. Detalles que explican todo sin dejar dudas en el aire. Detalles pequeños y, la mayoría, secretos.


Hay hechos, en apariencia irrelevantes, que cambian el curso de los acontecimientos. Y de pronto nos encontramos como los protagonistas de “La Carretera”, luchando por la supervivencia en el mismo mundo y, a la vez, en otro universo totalmente opuesto.


Momentos que marcan una existencia relativamente temprana. Podría explicártelo con mil palabras complejas. Y al final encuentro las más sencillas. Simplemente afirmar que aunque la vida nos lleve por lugares opuestos, aunque yo prefiera siempre la costa y tú la capital, jamás olvidaré esos ojos azules y traviesos que brillan con una luz especial.
imagen de: www.fondosgratis.com

conclusión mental nº 13: sobre la libertad



Me gustan esos momentos en los que se aproxima algo deseado. El casi pero aún no. Parece que el sabor del éxito ya puede sentirse, que la próxima libertad es un hecho real.



Pero aún no estamos en el sí. Estamos en el casi.





Esos momentos en los que podría afirmarse que el deseo de esa libertad próxima hace que disfrutemos más de ella, pensando en que falta poco para alcanzarla, que cuando ya la hemos alcanzado.




Momentos en los que después de un largo camino divisamos la tierra de libertad. Y esa visión conjunta de su totalidad es más satisfactoria que el momento en el que ponemos un pie en ella y ya es un hecho presente y real.



"La libertad no tiene su valor en si misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen." (Ramiro de Maeztu)


fotografía en : http://filosofiauruguaya.ning.com/

calcetines de colores


La tibetana me animó a renovar mi blog.

A los rubios no les favorece el blanco. Siempre están mejor con barba y camisa roja de cuadros.

A veces sonreír resulta más atrevido, y divertido, que hablar.

No hemos olvidado a Carlos Lázaro.

Axiológico no es lo mismo que axioma.

La curiosidad mató al gato. No todos han muerto. Siempre encuentras a gente que le siguen gustando los gatos.

Las apariencias engañan. Las españolas pueden parecer afganas.

No todos los judíos son inteligentes. Y no todos consiguen estudiar en la biblioteca.

Hay hippies que se pasean en monopatín por la biblioteca.

Si tienes dudas sobre el significado de alguna palabra, pregúntaselo a Plaza que seguro que lo sabe.

Las nubes están más ricas quemadas. Y nos recuerdan al algodón de azúcar.

Los descansos son largos. Y las risas escandalosas.

Los San Jacobos se queman.

Ríete siempre. Aunque no sepas ni porque te estás riendo.

Lo mejor de la ropa son siempre los calcetines de colores.

A veces las cosas más grandes resultan así de sencillas. ¿A veces? NO.Siempre.



fotografía en: zaragozame.com

Así de fácil


Me encantaría escribir bien. Poder expresar con total claridad lo que dice mi consciente. E intentar conocer un poco más a mi subconsciente.

También me gustaría cantar bien. Para poder cantar el cumpleaños feliz sin que Gonzalo y María se rían de mí.


Que la mejor madre del mundo no estuviese a 600 km de distancia.


Me encantaría que se cumpliesen todos mis sueños. Menos uno. Menos el último. Y ese tenerlo siempre presente y que al final comprendiese que, aún sin cumplirlo, fui una persona feliz.

Me encantaría no dejar nunca de estar alegre.

Y que aunque ya te hayas ido nunca me olvide de ti.

Me encantaría que me separasen menos kilómetros de las rías gallegas. Y de su gente.

Me encantaría que Zeta y yo llegásemos a conquistar el mundo entero. Fue lo que él se propuso al comenzar el año nuevo. Que de Quito pasemos a Jamaica. De Jamaica a Nueva York. Y después recorramos la India, la China y también London.

Y también seguir aprendiendo siempre. Y creciendo.

Que me diesen una lista de libros que seguro me van a gustar. Y leérmelos. Y subrayarlos. Y releerlos una vez más.

Vivir hasta la vejez. Sin dejar de sonreír.

Y visitar New York al menos una vez.

Me encantaría seguir teniendo buena suerte. Y que no dejasen de pasarme cosas curiosas y graciosas.

Y tener cada día un poco más de fe.

Me encantaría encontrarte y construir juntos algo grande.


fotografía en:(www.tadega.net/Fotos/d/296-1/facil.jpg)

Conclusión mental nº 25: Un poco de nieve. Un poco de sol.


Comienzo del año 2010. La nieve cubre toda la ciudad de Madrid. El paisaje combina el verde de los árboles y el blanco puro de una nieve aún virgen.

Salgo temprano.
Y hoy, después de todo y después de nada, me permito soñar. Viajar en el tiempo y en el espacio. Imaginar. Disfrutar por caminos imaginarios, por situaciones irreales que me permiten avanzar. Me permito soñar sabiendo que es el primer paso para luego edificar, construir y ganar.

La nieve virgen bajo mis pies, cruje mientras la piso. El cuerpo se hunde sobre una capa de nieve aún intacta y fría. Húmeda. Miro atrás y cada una de las pisadas quedan grabadas en la nieve. Dejando constancia de un camino recorrido.

Sigo caminando. El sol aparece tímidamente entre los edificios, aún sin vida, del oeste de la ciudad. Todo está en calma. La nieve blanca quita el protagonismo a los verdes paisajes naturales. O también aumenta la belleza con el cambio tan radical de colores.

Todo está en calma. Y yo también. Disfruto de uno de esos momentos en los que me parece que estoy en absoluta armonía con la naturaleza. Como si todo el planeta tuviese un pulso de respiración unitario. Y lo vivo intensamente. Y doy gracias por tenerlo y también por saber que lo tengo.

La calma me lleva a la paz. Una tranquilidad dinámica y alegre de quien reconoce las señales y sabe que está en el buen camino. Una tranquilidad de quien se abandona a su Suerte sabiendo que, después de lo que ha pasado, lo que pase ahora también pasará por algo.

Y una vez más vuelvo a disfrutar.
A disfrutar de los pequeños detalles que ofrece el dinamismo de los altibajos vitales. A disfrutar de esas pequeñas tonterías que hacen que sonriamos cada día.
Y así, en lo sencillo, seguir viviendo de verdad.